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Cosmos genesis

Cosmos génesis

En ese día tan especial, me tocaba entrevistar a una de las mayores celebridades científica – filosóficas de la historia contemporánea; a un sabio que, por sus palabras y actos, se destacaría desde su tierna infancia, como el genio oráculo de miles de pensadores, sus fieles seguidores y discípulos.
Fui a su domicilio. Habíamos acordado privacidad durante la entrevista, para que pudiera expresarse libremente, sin los detestables protocolos periodísticos que hacen engorroso el diálogo y no consuman intrínsecamente la conclusión de una visita amena y profunda.
Llamé dos veces a su puerta. La fachada de su casa se me antojaba bohemia o despojada de cuidados, como conservando la humildad que caracteriza a ciertos intelectuales más pintorescos en su interior que en el cuidado personal.
Tardó, esperé y nada. Insistí con otros dos golpes. La puerta sonaba frágil, a punto de caer. De pronto el milagro se abrió ante mis ojos.

- ¡Eh! ¿No sabé espera un poco? Ta bien, pasá pasá…
- Perdone si lo molesto señor. Es que me enviaron de la agenci…
- Ya se, ya se. Descuide, estoy acostumbrado a la visita que a diario vienen a importunar la siesta. Tome asiento si gusta. Usté dirá. ¿Qué corno quiere?
- Me hablaron de su famosa teoría del cosmos. Interesante por cierto. ¿Qué le parece si empezamos por ahí?
- ¡Má sí, dale!

Ella vio al sujeto hurgarse la nariz con el índice derecho y extraer de allí una glutinosa materia esmeraldina. Luego sumando el pulgar a la actividad, amasó el producto logrando una esfera que de un indicazo fue a parar a escasos centímetros de su antebrazo, la afectada retrocedió subrepticiamente.
El hombre vestía informal: pantuflas roídas (por uno de sus agujeros asomaba su calcetín), un pantalón indefinible por la moda y una camisa suelta por la cintura con su bolsillo derecho descocido del que colgaba un roñoso pañuelo exblanco.

- ¡Y dale hablá! No vamo a esta todo el día así ¿no? – increpó.
- Me interesaría que explicase un poco su teoría…
- A si, si, esa del cosmo. Pero espere que le sirva algo pá chupa.

Sacó de su alacena el equipete de mate: una pava abollada, una yerbera, el mate calabacín con su bombilla apelmazada de baba, azúcar y sustancias diversas.

- Le gusta toma mate a uste. O prefiere un café.

Viendo ella el estado poco decente del equipo infusorio optó por lo segundo

- Una taza de café me vendría muy bien, por favor.

Volvió a la alacena, sacó un frasco sospechosamente etiquetado, desenroscó la tapa y vertió tres cucharadas en el interior de uno de los calcetines que encontró por ahí tirado. Un vaporoso chorro de agua se coló por el calcetín dando a parar a la taza colmándola de un líquido espumante y oscuro.

- Ahí tené. ¿Azúca?

Ella tomó dos cucharaditas de azúcar, pero de inmediato consideró que cuanto más azúcar usaba menos degustaría aquella incierta bebida.

- Como le decía, me llama poderosamente la atención algunos detalles acerca de su…
- Blablablabla… primero me toma el café depué hablamo.

Él absorbió lo último del mate y volvió a cargarlo, al mismo tiempo, ella observaba con admiración cada uno de sus gestos, estudiando hasta el movimiento menos perceptible.

- Grogroggggggggrorrorrrogrgrogroggrogroggrogro...!

Escuchó un grave sonido gutural, acaso un eructo pensó, no, debe estar reflexionando sobre lo que va a decirme.

- Mire señorita, no voy andá con vuelta, sépalo pa que no diga: este tipo es de poca palabra.
- No, no piense eso, faltaba mas. Exprésese como quiera.
- Eso mimo le digo a mis tripas y sabe qué, se expresan.

Vertiginosamente ella huele algo pesado en el ambiente pero no se atreve a confirmarlo, toma su pañuelo perfumado y cautelosamente se cubre las vías respiratorias. Él continúa, como si nada:

- Hace mucho año atrá (usté no había nacido, claro) etaba todo ocuro y nadie pa deci ¡Carajo, que ocurida! Porque todavía no esitía nadie, ¿sabe? ¡Nadie!
- Usted se inspira en la génesis bíblica o en los conceptos…
- ¡Sh! No interrumpa. No esitía nadie. Pero justamente ese nadie era alguien, uste podrá llamarlo Dio o como quiera; el asunto e que el tipo se andaba paseando por la ocuridá, no tenía nada que hacé, así que etaba aburrido el pobre. ¡Mirá vo lo que son la casualidade que se le ocurrió hacé la lu! Porque se le podría habe ocurrido pensa en no cambiá nada y todo quedaba igual. Pero no. Y la lu se hizo, así, como si tal cosa. Depué pensó dónde parase porque no había ni un sustento, y ahí tené la tierra, amplia como esperanza de pobre. Má tarde dijo que estaba solo, necesitaba compañía, sí, pero ninguno había comenzado a esití. Hizo al hombre. Se equivocó, yo me buscaba una mujé y me divertía de lo lindo.
- Ese precisamente fue el problema…
- Si, ese fue. El prime tipo no quiso sabé nada de esta solo con el Dio, entonce requirió de inmediato la presencia de una dama y deseo concedido, se pudrió todo. Porque esa muje tuvo ma mujere y ma hombre y en meno que canta un gallo entró el tal Caín a hacé lío en el cabaré y a sacarle la tipas a su hermano Abel, que según cuenta la historia era medio alcahuete..pero esa e otra hitoria. El asunto que Caín le rajo un troncazo por el lomo a Abel, este cayó de bruce, puteó una o do palabra y espiró. El Dio inició una persecución sin tregua. Revolvió cielo y tierra. ¿Sabe lo que hizo cuando le dio alcance? ¡Va va va va vaaa! ¡Cállese la boca! Qué va a sabé uste. Lo agarró por el pescuezo, lo zamarreó, mientra recibía improperio de todo género y lo soltó al abimo donde etamo todo, uste, yo y todo lo etúpido que empujamo por nacé. Por ahora suficiente. Otro día venga y le termino de explica el resto de la historia. A ver si se entera un poco de la cosa como fueron en relidad.

Ella tímidamente se levantó de la silla. Caminó hacia la puerta, saludó amablemente y se marchó. Anduvo por la calle, estaba absorta, como iluminada por una verdad que había llegado por primera vez a su vida y dado un vuelco para siempre.
Volvería a verlo, si, confiaba que el destino y su trabajo la condujeran nuevamente al sabio.








Text by nabrolquiscem added on 02-07-2009.
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